CRS y FATCA son los dos sistemas por los que un banco ubicado fuera de tu país de residencia le informa a una autoridad fiscal lo que tienes depositado, invertido o cobrado durante el año. El primero lo diseñó la OCDE y lo aplican más de cien jurisdicciones. El segundo es una ley de Estados Unidos que obliga a las entidades financieras extranjeras a identificar a sus clientes estadounidenses y a informar sobre ellos.
La consecuencia práctica es directa: una cuenta en el exterior ya no pasa inadvertida. Lo que varía es qué se reporta, a quién y cada cuánto, y de eso dependen las decisiones sobre dónde y cómo mantener los activos. Quien ordena su patrimonio sin tenerlo en cuenta suele caer en los errores de planificación fiscal que más caro salen, como declarar menos de lo que el banco ya informó por su cuenta.
¿Qué datos envían los bancos bajo CRS y FATCA?
El reporte identifica al titular y describe la cuenta. Bajo el estándar de la OCDE, la entidad informa:
- nombre, domicilio, residencia fiscal y número de identificación fiscal;
- fecha y lugar de nacimiento, en el caso de personas físicas;
- número de cuenta y saldo o valor al cierre del año;
- intereses, dividendos y el producto bruto de la venta de activos financieros.
FATCA pide datos muy parecidos, pero su foco está en los ciudadanos y residentes de Estados Unidos. La entidad que no colabora se expone a una retención del 30% sobre ciertos pagos de fuente estadounidense, un incentivo fuerte para que cualquier banco con inversiones en ese mercado cumpla.
¿Cómo decide el banco que eres reportable?
Por un proceso de debida diligencia. Al abrir la cuenta te piden una autocertificación donde declaras tu residencia fiscal, y el banco la contrasta con lo que tiene en sus registros: domicilio, teléfono, órdenes de transferencia permanentes a otro país.
Si aparecen indicios de otra residencia, la entidad puede tratarte como reportable en ambas jurisdicciones. En FATCA, haber nacido en Estados Unidos o tener una dirección allí basta para que el banco pida documentación adicional. Por eso conviene actualizar la autocertificación después de una mudanza: si queda vieja, el banco sigue informando con datos que ya no reflejan tu situación.
¿Qué pasa con sociedades y fideicomisos?
Tener los activos a nombre de una sociedad no corta el rastro. Cuando la entidad titular obtiene sobre todo rentas pasivas, como intereses o dividendos, el banco identifica a las personas que ejercen el control y las informa a sus respectivos países.
En un fideicomiso o trust la lista es más amplia: fideicomitente, fiduciario, protector y beneficiarios pueden quedar alcanzados. Por eso las estructuras pensadas para separar al dueño de la cuenta perdieron buena parte de su sentido fiscal, aunque siguen siendo útiles para ordenar una sucesión o proteger activos.
¿Cuándo llega la información al fisco?
El circuito es anual. El banco reporta a la administración tributaria de su propio país sobre el año calendario anterior, y esa administración envía los datos a la del país de residencia del titular dentro de los plazos fijados en los acuerdos.
En Uruguay, por ejemplo, la base legal es la Ley 19.484 de transparencia fiscal, que obliga a las entidades financieras a informar cada año a la DGI el saldo de las cuentas de residentes en el exterior al cierre del año civil y las rentas que generaron. Quien tiene la cuenta afuera recorre el camino inverso: su banco informa a la autoridad de ese país y, si hay acuerdo de intercambio, el dato llega a su fisco.
Esto genera un desfase. Lo que hiciste en un ejercicio aparece en manos de tu fisco cuando ese año ya cerró y quizás ya declaraste. Si los números no coinciden, la administración puede pedir explicaciones, y ese pedido puede abrir una revisión más amplia.
¿Qué significan CRS y FATCA para tus activos?
Que la opacidad dejó de ser una variable de planificación. Las decisiones que siguen teniendo peso son otras:
- en qué país se genera cada renta y cómo tributa allí;
- si existe un convenio para evitar la doble imposición;
- qué residencia fiscal declaras y si puedes sostenerla con hechos;
- cómo encaja cada sociedad o fideicomiso con la normativa de tu país.
Lo más sensato es revisar la declaración propia con la misma lógica que usa el banco: si él ya informó un saldo, tu fisco va a esperar verlo reflejado.